Es un momento clave para las políticas de cuidados en Paraguay


El Encuentro Internacional denominado “Protección Social y Cuidados: Continuando el proceso de construcción en Paraguay”, llevado a cabo esta mañana, contó con la disertación de la destacada especialista en Empoderamiento Económico de la Oficina Regional de ONU Mujeres, Bárbara Ortiz, sobre el tema “Reconocer, Redistribuir el trabajo de cuidados, prácticas inspiradoras en América Latina y el Caribe”, documento realizado por la oficina regional de ONU Mujeres.

El material presenta estudios reales de países de la región que han puesto en marcha políticas públicas para reconocer y redistribuir el trabajo de los cuidados, que es ejercido mayoritariamente por las familias y dentro de las familias, por las mujeres. “En este caso concreto se pusieron de relevancia prácticas inspiradoras del Paraguay, como son la ampliación del permiso de maternidad y paternidad, a 18 y 14 semanas, respectivamente”, explicó Ortiz.

La especialista, indicó que asimismo, el informe destaca el rol del Grupo Impulsor de Políticas de Cuidados (GIPC), para promover una política nacional de cuidados que se convierta en eje fundamental y transversal del sistema de protección social que está poniendo y afianzando el país.

“El proceso de políticas de cuidados en el Paraguay está en un momento clave y estratégico, porque tiene la oportunidad de sentar ahora las bases de un sistema que afiance hacia el futuro un sistema de solidaridad intergeneracional que permita que tanto los niños y niñas de hoy, así como las personas adultas mayores del mañana, se puedan favorecer de un sistema de cuidados que les preste la atención que necesitan en cada momento, así como las personas enfermas o con alguna discapacidad que necesiten apoyo a largo plazo”, destacó la especialista regional.

El trabajo remunerado-productivo, que genera ingresos para la persona que lo ejerce y reconocimiento social, se sustenta en el trabajo no remunerado y de cuidado-reproductivo, que no genera ingresos para la persona que lo realiza ni reconocimiento social. El trabajo remunerado y no remunerado todavía guarda un fuerte componente de división sexual del trabajo.

Escenarios de análisis

La especialista en Empoderamiento Económico de la Oficina Regional de ONU Mujeres, habló además de tres escenarios de análisis:

Escenario de techos de cristal: incluye a mujeres con alto nivel educativo y que viven en hogares de ingresos medios altos. Participan ampliamente en el mercado laboral (con poca brecha con los hombres de su grupo) pero enfrentan barreras vinculadas con la discriminación y segregación ocupacional; presentan una menor carga de trabajo no remunerado porque tienen más posibilidades de acceder a servicios de cuidado, aunque la misma sigue siendo mayor que la de los hombres de su grupo. Como consecuencia el empoderamiento económico de estas mujeres es todavía incompleto.

Escenario de escaleras rotas: incluye a las mujeres que completaron su educación básica y viven en hogares de ingresos medios. Consiguen una mayor participación laboral (y menor brecha con los hombres de su grupo), incluso cuando tienen hijos o hijas, pero la misma es inestable y vulnerable a los ciclos económicos; una proporción significativa aún carece de ingresos propios y la tasa de monoparentalidad es relativamente alta; el peso del trabajo no remunerado es apenas menos intenso que en el escenario de pisos pegajosos. Como consecuencia el empoderamiento económico de estas mujeres es errático y frágil.

Escenario de pisos pegajosos: incluye a mujeres que poseen bajo nivel educativo e ingresos familiares bajos. Presentan baja participación laboral (y una gran brecha con la participación de los hombres de su mismo grupo); por lo mismo, muchas no tienen acceso a ingresos propios; las que participan laboralmente lo hacen en ocupaciones precarias, con bajos salarios y escasa o nula protección social (el caso más notable es el del servicio doméstico a hogares).

Adicionalmente enfrentan una alta carga de trabajo no remunerado, derivada de tasas altas de maternidad temprana, hogares más numerosos, ausencia de pareja, débil apoyo familiar y difícil acceso a servicios de cuidado. Como consecuencia el empoderamiento económico de estas mujeres es difícil, no pueden aprovechar las oportunidades de los ciclos expansivos y son sumamente vulnerables en los ciclos de crisis y retracción.

El actual modelo de cuidados se basa en una sociedad en la que las familias están conformadas por un hombre proveedor y una mujer cuidadora. Este modelo está en crisis por diferentes factores: invisibiliza otras realidades que, hoy por hoy, coexisten en la sociedad: familias monoparentales, familias donde trabajan ambos adultos, familias con dependientes crónicos, etc; y no tiene en cuenta la incorporación de la mujer al mundo del trabajo remunerado, actividad que realiza fuertemente condicionada por las tareas de cuidados, con la consiguiente merma de sus oportunidades profesionales.


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